Es posible cambiar el destino, y el poder de hacerlo yace en nuestras manos.
En la dinastía Ming (明朝) Yuan Liaofan (袁了凡), cuyo nombre original era Yuan Xuehai (袁學海), alcanzó fama como un erudito confucionista. Durante su juventud siguió los estudios de letrado, pero luego los cambió por los de medicina, pues fue el deseo de su padre que ayudara a otros. Posteriormente conoció a un adivino fisonomista, un anciano de cabello largo, quien le dijo: “Tu destino es ser un oficial. Deberás retomar los estudios de letrado y así llegarás a ser un gran oficial. En tal día, mes y año pasarás el examen y obtendrás el primer puesto en tu graduación. En tal otra fecha pasarás a ser magistrado de distrito, con un salario de tanto. En cierto otro día te ascenderán, siendo tal tu salario. Y en la medianoche del 14 de agosto de tus cincuenta y cuatro años, tu vida llegará a su fin. No tendrás hijos”.
A partir de entonces Yuan Xuehai cambió el curso de su vida y retomó la carrera de letrado, resultando todo tal y como lo había predicho el adivino. Todos los vaticinios acontecían con absoluta precisión. Creyendo que su destino era fijo, solamente esperaba que todo siguiera su curso. Y gobernado por el destino no intentaba mejorarse. Por el contrario, pasaba sus días de viaje, disfrutando de los paisajes naturales. Cierto día, mientras viajaba por la montaña Quixia (棲霞山), en Nanjing (南京), se enteró de que el Maestro de meditación Yunku (雲谷禪師) moraba allí, y decidió visitarlo. Al llegar el Maestro Yunku le dio un almohadón donde sentarse. Uno frente al otro se sentaron sin hablar durante tres días, al cabo de los cuales el Maestro le preguntó, muy sorprendido: “¿De dónde vienes? Si puedes sentarte tres días en calma y sin moverte, sin pensamientos dispersos, debes ser un excepcional practicante del Camino”.
Yuan replicó: “Ya que todo lo gobierna el destino, nada deseo, nada busco, y no tengo pensamientos al azar”.
El Maestro entonces le respondió: “Yo te consideraba una persona extraordinaria, pero resulta que tan sólo eres una persona común”.
Molesto, Yuan le preguntó: “¿Por qué?”
Y el Maestro le contestó: “¿Por qué permitirías que el destino te gobierne? Eso sólo lo hace la gente común”.
Con gran curiosidad, Yuan le preguntó: “¿Es posible escaparle al destino?”
A lo que el Maestro le respondió: “Tú eres un letrado, debes saber que el Libro de las Mutaciones (易經) muy claramente dice: ‘Busca la buena fortuna y evita toda calamidad (趨吉避凶)’. De no poder escaparle al destino, ¿cómo podríamos buscar la buena fortuna y evitar las calamidades?”
Tras oírlo Yuan experimentó un gran despertar, y decidió cambiar su nombre por el de Liaofan (poniendo un fin a lo común). A partir de ese día dejó de ser una persona común y practicó extensamente actos de bondad, acumulando mucho mérito y virtud. Las predicciones del adivino dejaron de ser ciertas. Vivió más de ochenta años y tuvo tres hijos. Por eso, no es fijo el destino, la fortuna o la calamidad no están predeterminadas. Decían los sabios de la antigüedad: “La persona superior crea su propio destino”. Los sabios virtuosos de correcto accionar pueden moldear y trascender su propio destino.
¿Por qué existe la desgracia? Porque en la mente hay desgracia. Cuando uno planta malas causas, sin duda recibe malas retribuciones. Cuando uno reforma sus faltas, orientándose hacia el bien, puede perseguir la buena fortuna y evitar la calamidad. Según esta perspectiva es posible cambiar el destino, y el poder de hacerlo está en nuestro poder. El verso dice: “El gran bien y el gran mal pueden trascender el destino”.
