Enseñanzas

  • ¿Por qué nos desviamos del verdadero Camino? 

    En el Clásico de Pureza y Calma Eterna, el Gran Maestro Lao Zi, dice: 

    “¿Por qué fallamos en obtener el Verdadero Camino? Por los pensamientos dispersos. El espíritu se perturba con el pensamiento al azar, y toda vez que el espíritu se agita, se apega a los objetos externos. El apego a los objetos externos produce avaricia, y la avaricia conduce a la aflicción. Las aflicciones y los falsos pensamientos crean problemas tanto para el cuerpo como para la mente. Así caemos en la desgracia, vagando entre nacimiento y muerte, sumergidos en el mar del sufrimiento y perdiendo para siempre el Camino Verdadero. Los iluminados han alcanzado el auténtico y eterno Camino. Y quienes pueden iluminarse al Camino yacen en la eterna pureza y tranquilidad.” 

    眾生所以不得真道者,為有妄心。既有妄心,即驚其神。既驚其神,即著萬物。既著萬物,即生貪求。既生貪求,即是煩惱。煩惱妄想,憂苦身心。便遭濁辱,流浪生死,常沉苦海,永失真道。真常之道,悟者自得。得悟道者,常清淨矣。 

    ─摘自太上老君說常清靜經─ 

    Cuando uno pone esmero al cultivar el Camino pero aún así no obtiene respuesta, está utilizando la mente falsa para buscar lo sublime y distante. Por ejemplo, cuando la gente busca fama y beneficio, es la mente falsa la que está en acción. La mente falsa perturba la naturaleza intrínseca, es como el vaso de agua que gradualmente se aclara en tanto el lodo y la arena precipitan. Pero cuando el agua se agita, se enturbia otra vez. Al utilizar la mente falsa ensuciamos el agua de nuestra naturaleza intrínseca, y no logramos distinguir lo verdadero y lo falso. Carecemos de la “visión selectiva del Dharma” y nuestra sabiduría no se manifiesta. Nos ensuciamos como el agua turbia.

    Cuando nos apegamos a los objetos externos todo se enreda y enturbia, y no podemos encontrar la salida. Nuestra mente se inclina hacia la codicia porque pensamos que todo lo externo es verdadero, pero la mente que codicia es la fuente de nuestras aflicciones. Si conseguimos lo que buscamos nos afligimos; y si no lo conseguimos, también nos afligimos. Al enredarse con aflicciones y pensamientos falsos, la mente se hunde en el fangoso río del malvado mundo de las cinco turbiedades, sin poder retornar a la pureza. Por ese mismo motivo nacemos y morimos; morimos y volvemos a nacer. Nacemos sin saber cómo hemos llegado aquí, y morimos sin saber por qué morimos. Estamos confundidos, no sólo a la hora de nacer y de morir, durante toda nuestra vida nunca logramos obtener claridad. Vagando entre nacimiento y muerte, hemos perdido nuestra mente verdadera. Y habiendo perdido la verdadera mente, hemos caído en el mar del sufrimiento, sin poder salir. Quien entienda este principio podrá alcanzar la iluminación. Entonces los estados falsos no nos confundirán, nuestra sabiduría resplandecerá, y ya no nos aturdiremos. 

    El Sutra Shurangama dice: “Toda vez que la agitación de la mente se detiene uno encuentra la Bodhi”. ¿Por qué no obtenemos respuesta en el Camino? Porque esa rabiosa mente no ha parado. La furiosa mente está siempre insatisfecha, es insaciable; es la mente que ama y odia. Quien pueda detener a esa mente obtendrá sabiduría, el Camino hacia la iluminación, la sustancia de la naturaleza de Buda que todos poseemos. Pero ignoramos este principio para revolcarnos en el fango de los turbios estados mentales. Y considerando que ello es perfectamente normal, no nos esforzamos por escapar del amargo océano de nacimiento y muerte.