Temprano nos levantamos y tarde nos acostamos, 

¿Por qué estamos tan ocupados?

Duros de salvar son los seres; ¡qué lamentable!

Confundidos por el corrosivo polvo, 

sus naturalezas se hallan invertidas.

Mismo tomándolos de la oreja 

para hablarles directo al oído, 

no hay modo de transformar sus vidas.

夙興夜寐為誰忙?眾生難度頗堪傷;

迷諸塵勞性顛倒,耳提面命化無方。 

Temprano de mañana y tarde de noche, pasamos el entero día ocupados en toda clase de tareas. ¿En pos de quién? ¿Para el beneficio propio o el de otros? Estoy seguro de que muchas personas no sabrían la respuesta, incluso hay quien con ligereza contestaría: “ocupados en hacer nada”. 

Es extraño, pero de hecho no son pocos los que actúan sin saber por qué lo hacen. Por ejemplo, algunos pasan todo el tiempo entregados a sus negocios, casi al punto de padecer un perpetuo insomnio. Ese es el ejemplo de pasar el día ocupado en beneficio del dinero. Sucede lo mismo con los eruditos, campesinos, obreros, empresarios, etc. Si deseamos cierta clase de ganancia no podemos hacer lo que queremos, ni ser nuestros propios jefes. Por el contrario, debemos levantarnos temprano y acostarnos tarde. El siguiente poema se cita en el “Libro de las Odas 詩經”:

El gallo ya cantó, 

¡es plena mañana!

¡Uy!, no fue el canto del gallo,

fue la mosca que zumbó.

雞既鳴矣,朝既盈矣,

匪雞則鳴,蒼蠅之聲。 

Este poema describe a uno de los virtuosos y sabios emperadores de la antigüedad. Durante la noche sólo quería que amaneciera para ocuparse de los asuntos del día. Ansioso de que la noche pasara, un sueño tan ligero que confudia el zumbido de la mosca con el canto del gallo. Este es el ejemplo de quien se levanta temprano y se acuesta tarde para el beneficio de otras personas. El proverbio dice: 

Los pensamientos controlan nuestra conducta, llevándonos hacia alguno de los diez reinos del Dharma. Con un buen pensamiento uno puede nacer en los cielos; con un mal pensamiento uno puede caer en los infiernos. El proverbio dice:

Cuando un hombre posee bendiciones,

el pueblo deposita su confianza en él.

一人有慶,萬民賴之。 

Cuando el gobernante es digno e inteligente el pueblo depone las armas, enviando los caballos a los pastos, y viviendo en paz. Pero el emperador ha de levantarse temprano y ha de acostarse tarde, trabajando por el bienestar de los demás. 

Quienes cultivamos el Camino de la mañana a la noche también debemos beneficiar al Dharma, sin correr tras la propia ganancia o la fama, “sirviendo de continuo a los Budas, día y noche”. Debemos levantarnos también temprano por la mañana y acostarnos tarde por la noche, reverenciando a los Budas, recitando Sutras con la devoción y sinceridad que poseemos los discípulos budistas. Tengan en cuenta que de nada sirve hablar sobre verdaderos principios cuando en el corazón hay falsedad. Y tampoco debemos limitarnos a hablar, sin practicar.

Al postrarnos ante los Budas debemos concentrarnos mentalmente, demostrando respeto con el cuerpo. El postrarse ante los Budas nos permite erradicar las obstrucciones creadas por nuestras ofensas. Se dice que “el postrarse ante los Budas erradica las ofensas numerosas como los granos de arena del río Ganges”. Es bueno que las ofensas no tengan forma ni sean sólidas, de lo contrario, llenarían tantos mundos como granos de arena tiene el Ganges. Por ello, de la mañana a la noche debemos reverenciar a los Budas y recitar sus nombres para erradicar las obstrucciones de nuestras ofensas, ocupándonos en beneficiar el Dharma.

Pero no es fácil descifrar la disposición de otros seres. Por ejemplo, ofreciendo lo salado a quien gusta de lo dulce, uno lo hace infeliz, y lo mismo ocurre al darle dulces a quien gusta de lo salado. De no comprender la particular disposición de cada individuo, no habrá forma de salvarlos. Solamente la sabiduría del Buda conoce la naturaleza básica de los seres vivos, y por ello puede ofrecer enseñanzas apropiadas para cada uno. En todas partes los Budas y Bodhisattvas están dispuestos a sacrificarse y a sufrir por la salvación de otros seres. Pero ni siquiera ello basta para conmover a los seres humanos, para que acepten sus enseñanzas. Por eso el dicho: “Difícil es salvar a otros seres; ¡qué triste!” Aquí “triste” implica una profunda compostura, casi un duelo. Tan ignorantes y confundidos están, que los Budas y los Bodhisattvas constantemente manifiestan una gran compasión por ellos. 

¿Por qué es tan difícil salvar a otros seres? “Confun-didos por el corrosivo polvo, sus naturalezas se hallan invertidas”. Esa es una respuesta. A través de ilimitados kalpas y profundamente contaminados con los seis objetos, los seis polvos corrosivos, los seres se debaten en completa confusión, agitados en el mar del sufrimiento. Toman al sufrimiento por bendiciones, y a lo falso por verdadero. Por ejemplo, actualmente hay quienes se preocupan por “estar de moda”, e incluso cuando el estilo es desagradable e impráctico, se desviven por estar de moda. La gente no conoce la inmensidad del mar del sufrimiento, aunque solo bastaría con girar la cabeza para divisar la otra orilla. Por ejemplo, no podemos deshacernos de las armas militares, y ellas continúan apilándose en cantidades cada vez mayores. Y por si fuera poco, grandes recursos se destinan a inventar nuevas armas de destrucción, mejor cuanto más atroces. Si eso no es mirar todo al revés, ¿entonces qué es? 

Los buenos y sabios consejeros nos advierten encarecidamente, exhortándonos una y otra vez, con el fin de guiarnos, pobres criaturas, a poner un fin a tanta insensatez. Son como el abuelo que con un tirón de orejas advierte a su nieto. Pero los seres no sólo ignoran tales mensajes como si no los hubiesen oído, incluso traman miles de formas de encubrir sus ofensas para que los maestros y sabios no las descubran. Por ello dice el siguiente verso: “Incluso agarrándolos de la oreja y hablándoles directamente al oído, no hay manera de transformar sus vidas”. 

¡Ah! ¡El talento que tienen los seres para cometer ofensas es realmente ilimitado! Incluso los Budas y Bodhisattvas reconocen lo difícil que es salvarnos, pobres criaturas. ¡Qué situación lamentable!