Siempre que el universo se llene de energía auspiciosa y propicia, la tierra no explotará.
El mundo moderno consta de numerosos países. Cada país tiene muchas familias, y cada familia consta de muchas personas. Por consiguiente, cada persona se relaciona íntimamente con todo el resto del mundo. Si la gente tuviera una mente pura, libre de pensamientos viciados, este mundo estaría ciertamente en paz,sin guerras. Y viceversa, cuando la personas tienen mentes corruptas, el mundo empeora. Todos conocen este principio, pero nadie lo aplica. Lo conocemos muy claramente, y sin embargo vamos siempre en su contra. ¡Qué lamentable!
El bien comienza en la mente,
el mal también allí comienza.
El mundo moderno ha alcanzado el punto de inminente destrucción, donde por la mañana no se puede asegurar que haya una tarde. ¿Por qué? Porque el planeta está a punto de explotar; el peligro ha llegado a su extremo. Y ello se debe a que la Tierra se encuentra oprimida por las violentas fuerzas de los tres venenos: la codicia, la ira y la estupidez. Y si la Tierra se destruye, la raza humana no sobrevivirá. Pese a ello en el mundo la gente se resiste a encarar esta situación. Pasan su tiempo cual ebrios, y mueren como en un sueño. Algunos sólamente se preocupan de lo que tienen ante sus ojos, sin considerar el futuro en absoluto.
Se preocupan porque la población humana aumenta a diario, porque hay quienes carecen de comida, de ropa, de un lugar dónde vivir, o de energía. Creen que estos son los problemas más acuciantes, pero en realidad son problemas relativamente menores que a su debido tiempo naturalmente se resolverán.
Nuestro nacimiento y muerte es en verdad el gran problema. En un instante estamos aquí, y al siguiente nos habremos ido. En un abrir y cerrar de ojos nos veremos enfrentados al sufrimiento de la separación de esta vida cuando la muerte se aproxime. Pero tratamos este grave problema con indiferencia, como si se tratara de un sueño. ¿De dónde hemos venido al nacer? ¿Adónde iremos al morir? No lo sabemos, pero incluso si hemos comprendido la situación, ¿qué podemos hacer? Hay sólo una forma de salvarnos, y es reformándonos, corrigiendo nuestras faltas y avanzando en la buena dirección. No seamos tan egoístas, codiciando el propio beneficio. Debemos ser más amables y compasivos, obrando siempre para el beneficio de los otros seres. Debemos imitar el espíritu de los Bodhisattvas.
Los pensamientos controlan nuestra conducta, llevándonos hacia alguno de los diez reinos del Dharma. Con un buen pensamiento uno puede nacer en los cielos; con un mal pensamiento uno puede caer en los infiernos. El proverbio dice:
Con un pensamiento iluminado uno es un Buda.
Con un pensamiento confuso uno es un ser común.
Cuando pensamos en beneficiar a los seres vivos, somos Bodhisattvas, y cuando pensamos en nuestro propio beneficio, somos seres comunes. Al dirigir la luz iluminando nuestro interior somos Arhats o Pratyekabuddhas.
La opción es nuestra. Quien dé la espalda a la iluminación para unirse a lo impuro, será una persona común. A la inversa, quien dé la espalda a lo impuro para unirse a la iluminación, será un sabio. Es fácil como un giro de mano.
Que el mundo sea bueno o malo depende también de un sólo pensamiento. El mundo existirá eternamente siempre que la mente de cada persona sea buena, de lo contrario el mundo se destruirá, es una ley natural.
El Budismo nos exhorta a encaminarnos hacia el bien, a comprender la relación entre causa y efecto, y a crear abundante mérito y virtud. Por ejemplo, evitando las discusiones, la codicia, el propio beneficio, el egoísmo, la especulación y la mentira, el mundo que peligra naturalmente encontrará paz. Dice la máxima: “Todo lo crea la mente”. La mente puede crear el mundo y también puede destruirlo. La mente puede crear los cielos y también los infiernos. Las familias se componen de personas, y las personas tienen pensamientos varios. Quien cambie todo mal pensamiento por buenos pensamientos, será una buena persona, y a la inversa, al transformar los buenos pensamientos en malos pensamientos, será una mala persona. En la práctica del Camino uno debe cultivar los preceptos, el samadhi y la sabiduría, dejando a un lado la codicia, ira y estupidez, estos son los requisitos básicos. Quienes estudien el Budadharma deben en primer lugar abstenerse de hacer el mal, manteniendo siempre una buena conducta. Si cada uno de ustedes practica de esta forma el mundo mejorará, pues aumentará la energía auspiciosa, y disminuirá la energía violenta. Si el universo se llena de energía propicia y auspiciosa, la Tierra no explotará.
¿Cómo podemos lograr un mundo estable y en paz? Hay una única forma, estudiando el Budadharma en el Lugar del Camino en que se practica el Correcto Dharma, reformando las propias faltas. Cuando hayamos corregido los errores y seamos buenas personas, el mundo estará libre de las tres calamidades y de las ocho dificultades, y toda la gente vivirá en armonía, sin codicia ni reproches, en un mundo unido.
Tengo la esperanza de que aquéllos que carecen de fé religiosa, beneficien a la sociedad, familia, país, y al mundo, renunciando a la codicia y trabajando por el bienestar de la sociedad. Deben comprender que siendo externo, no han traído dinero al nacer, ni se lo llevarán al morir. Si la luz de la gente bondadosa neutraliza la oscuridad de la gente malvada, este mundo estará libre de las fuerzas violentas de los tres venenos, y no estaremos al borde de la extinción. Si bien este es un principio muy simple, se requiere de un profundo esfuerzo para llevarlo a cabo con éxito. Todos ustedes deben comenzar reformando su propia mente para así cambiar el mundo, transformando la hostilidad en armonía, procurando la paz. La mente nos dirige. Cuando la mente se corrompe el cuerpo sufre múltiples enfermedades, siendo proclive a los accidentes y desastres. Debemos examinar nuestro interior. Si tenemos faltas, debemos apresurarnos a arrepentirnos. Dice el proverbio:
Arrepentidos en sólo un pensamiento,
las ofensas que colman los cielos se disuelven.
瀰天大罪一懺便消。
Pero el arrepentimiento debe ser sincero si desean erradicar desastres. No lo tomen con ligereza, obrando mal durante el día para arrepentirse por la noche. Con tal actitud, en lugar de librarse de sus ofensas, las estarán agravando. Y al romper las leyes delibe-radamente, no podrán ser perdonados.
